Caleb, un líder en un mundo rebelde

Estimados amigos, comenzamos hoy un nuevo estudio titulado “Verdadero Liderazgo Espiritual”, y el título del primer mensaje correspondiente al mismo es: Caleb, un líder en un mundo rebelde.

En medio de la noche oscura de la incredulidad, desazón y cobardía, aparece una luz que ilumina el camino, que da confianza y seguridad. Es un hombre que, en medio de la oposición y grandes retos, demostró ser un líder íntegro, capaz y perseverante. Era como un faro que brillaba en medio de las tinieblas de la incredulidad, y que a pesar de ser azotado por las gigantescas olas de la rebelión, oposición e injusticia, permanecía firme, porque tenía un fundamento que no se tambaleaba. Era una luz que alumbraba a las almas que andaban sin rumbo indicando el camino hacia la victoria y el descanso. Este hombre fue Caleb.

Aunque Caleb no aparezca mucho en la literatura cristiana, y aún en la Biblia no se le dedique tanto espacio como a otros personajes, fue uno de los baluartes en el principio de la historia del pueblo de Israel. Resultó ser uno de los referentes de su época, destacándose de los demás e impactando con su ejemplo a toda una generación más joven. En muy pocos personajes bíblicos podremos ver un líder que haya andado con tanta integridad como lo hizo Caleb.

Es mi deseo que el estudio bíblico de este personaje sea un ejemplo inspirador para cada creyente y, sobre todo, para aquellos que tienen responsabilidades en la obra de Dios. Hoy, como nunca antes, la mies del Señor requiere de creyentes y, sobre todo, de líderes firmes, íntegros, que sirvan de ejemplo para otros. Caleb lo fue, tú también lo podrás ser. ¿Estarás dispuesto a ser usado por Dios?

Veamos en primer lugar, el contexto histórico de Caleb:

Para tener presente el ambiente y contexto en el cual se desarrolla nuestra historia, tenemos que saber que ésta empieza en el desierto. Allí se encontraba el pueblo de Israel después de su salida de la esclavitud egipcia. Era un pueblo muy numeroso. Se calcula que pudieron ser más de dos millones de personas. En el monte Sinaí recibieron la Ley de parte de Dios mismo y luego siguieron en dirección a la tierra de Canaán, la tierra que Dios les había prometido. En el trayecto, el pueblo se rebeló varias veces contra Dios, se quejó y le hizo la vida imposible a Moisés, su líder. Al fin llegan a las puertas de la tierra prometida, por el sur, a una localidad llamada Cades-barnea. Desde allí el pueblo quiere enviar espías para averiguar cómo era la tierra que iban a conquistar. Se elige un hombre por cada tribu, y por la tribu de Judá se elige a Caleb.

Ellos tenían la misión de verificar cómo era la tierra respecto a su fertilidad y también con relación a los pueblos que allí habitaban, su fuerza y sus ciudades. Así lo hicieron y después de cuarenta días volvieron con muestras de los frutos de la tierra. El relato que dieron estos hombres a Moisés y al pueblo, lo encontramos en Números 13:27 al 29, y fue el siguiente: “Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y éste es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac. Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán“. Al fin llegaron cerca de la tierra que tanto habían anhelado, la cual tanto esperaban, pero cuyos obstáculos eran demasiado grandes para superarlos. Frente a esta sensación, le siguen dos formas diferentes de reaccionar, como leemos en Números 13:31 al 33: “Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos“.

Pero en medio de un clima enrarecido por la incredulidad, la desazón y la rebelión, en Números 14:30 vemos que surge un hombre que busca cambiar la expectativa de un pueblo entero: Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos“.

Pero el pueblo sólo asimila el relato derrotista de los diez espías. En los vs. 1 al 4 vemos que la reacción frente a sus palabras fue impresionante, porque: “Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos! ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto? Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto“.

Frente a esta actitud derrotista, se nos relata en los vs. 6 al 9 que Caleb y Josué “…rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis”.

¡Qué palabras tan valientes! ¡Qué actitud tan diferente a las demás! Caleb, por su forma de ser y de actuar, llegó a ocupar un lugar de trascendencia y liderazgo dentro del pueblo, permaneciendo en integridad.

Pero, ¿De dónde sacó fuerzas para enfrentar esta difícil situación? ¿En qué se basaba su valor? ¿Se pudo mantener igual a lo largo de su vida? Esto lo veremos en el próximo programa. ¡No dejen de acompañarnos! Hasta entonces y qué Dios les bendiga.

Esteban Beitze

Articulo cortesía de Llamadaweb.com